Las impresoras 3D reclaman a gritos un papel relevante en el quehacer diario de la especie tecnológica occidental, especialmente con propuestas como la que 3D Systems presentó en el CES de Las Vegas: la nueva cocina será impresa, o no será.
3D Systems presentó dos versiones de Chefjet, la más pequeña, pensada para el hogar, imprime comida monocromática y se calcula en unos € 3.000; y otra más sofisticada y cara, Chefjet Pro, de mayor volumen y capaz de imprimir objetos comestibles de varios colores, con un precio estimado de € 6.000.
Para el diseño usa un proceso de impresión capa por capa, similar al que se utiliza en otras impresoras 3D para imprimir piezas industriales. Por ejemplo: para crear dulces se extiende una capa fina de azúcar con sabor y, después, se inyecta agua a través del cabezal de la impresora, que se transformará en cristales endurecidos
.
El fenómeno no acaba aquí: hay otras empresas, como la start-up española Natural Machines, o Systems and Materials Research, que trabaja en un modelo de impresora 3D de comida para la NASA.
El objetivo de ésta última es proporcionar a los astronautas la herramienta para imprimir su propia comida durante las misiones espaciales, lo que permitirá conservar los alimentos hasta un total de 30 años, porque los colores de los cartuchos vienen cargados de proteínas, carbohidratos y nutrientes.
Imprimiendo a la española
Hablamos de Foodini, la apuesta catalana de Natural Machines, casi lista para salir al mercado. Claro que está especializada en la creación de chocolates, pastas y panes. La razón: estas impresoras 3D suelen funcionar con alimentos en forma líquida como chocolate, queso o masa de bizcochos.
Porque, ya sea su destino el hogar, restaurantes o panaderías, es importante recalcar que, al menos esta Foodini, incluye un sistema para mantener caliente la comida –y por supuesto, conexión a internet para compartir, diseñar y copiar recetas de la nutritiva nube 2.0.
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